despedida y cierre

Hola, esta entrada es para anunciar el cierre y despedida de Instantes de Vida (en el que publicaba los textos como Pablo Blaya), y anunciarles el inicio de un nuevo blog: Lapiz de Lima, en el que intentaré ir dando salida al mundo propio y sensibilidad exquisita de Pablo Lima. Muchas gracias por haberme acompañado en este viaje, y bienvenidos a mi nuevo mundo (un pequeño pedacito de corazón trazado a lápiz):

Lapiz de Lima 

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concepción faya blázquez (o blásquez de origen)

Concepción Faya Blázquez (o Blásquez de origen) acogió en Francia en 1941, donde trabajaba como tejedora, a una madre y sus dos hijos cuando el padre fue detenido y deportado a un campo de concentración. Sigue leyendo

el futuro asegurado (un cuento de navidad)

Era un precioso hotel de lujo, un poco decadente, eso sí, por el mobiliario antiguo, y los pesados cortinajes, que recordaban glorias pasadas, cuando en el enorme salón se celebraban fastuosos bailes y fiestas galantes con ocasión de todo tipo de eventos y celebraciones. Pero en la familia, había sido una cuestión de honor, el mantener el boato, pese a que, tras tan fastuosa apariencia, apenas quedaba ya nada de los pasados esplendores. La familia, poco a poco, había tenido que vender hoteles y casas en la ciudad, pero éste Imperial, era la única posesión de la que no se querían desprender, pese a tantos concursos de acreedores y subastas, por las que habían ido pasando, según se iban sucediendo las crisis económicas y las distintas quiebras. El “Imperial” era la joya de la corona, la que venía a  resumir lo que había sido, y más importante, lo que había significado aquella familia, en la vida de la ciudad, y en la vida del país, en general. Sigue leyendo

el tabaco

no le gustaba nada el olor rancio del tabaco.

le gustaba tocar el papel eso sí, áspero y suave a la vez, pero no el olor que se le quedaba entre los dedos después de hacerlo.

a la vista sí le gustaba el ascender de las espirales del humo y cómo se enredaban en el aire, pero para eso prefería encender una barrita de incienso.

el sonido de las chupadas ansiosas de la gente, celebrándolo al encenderlo, le ponía nervioso, y para eso prefería el sonido de la aguja del vinilo arrancando gemidos del plástico negro.

y aquel gusto tan amargo y agrio entre los dientes, de aquellas hebras de tabaco mal liadas, le recordaba al vinagre.

decididamente, eran más los inconvenientes que las ventajas, y fue por eso, por motivos puramente estéticos, que decidió dejarlo.

el desván

allí estaba, en el viejo desván.

y todo porque su madre le había dicho que ahí encontraría repuesto para su cremallera rota de sus nuevos vaqueros.

y mira que su madre le había insistido:

– ¿Por qué te los compras siempre tan estrechos?

– Porque me gustan madre, porque me gustan, y no hay más.

– Anda, sube al desván, allí encontrarás la dichosa cremallera, entre las cajas de tu padre.

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columpio y zapato

No se dio cuenta la niña que al montar en el columpio del parque, se le había caído un zapato.

Sólo lo notó al llegar a casa, cuando su madre le dijo:

– ¿Dónde vas hija, tan desastrada?

– Del parque mami.

Y al mirar hacia abajo, con la cara toda sucia y despeinada, se puso a llorar, porque se dio cuenta entonces que había perdido uno de los preciosos chapines rojos con lazo, que su madre le había regalado, por su cumpleaños.

me gusta

me gustan las madalenas de chocolate.

me gusta el otoño y sus colores.

me gusta el incienso de opio o sándalo.

me gustan las margaritas y amapolas.

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