méjico 1910

 EMILIANO ZAPATA, MÉJICO, 1910

 Ay Emiliano, Emiliano Zapata,

en tu mirada de fuego y en tu

cabello ardiendo prendía la revolución.

El más feroz defensor de los

campesinos y de la gente pobre,

disparabas volando las pistolas de tu cinto.

Y la enorme sombra de tu sombrero

enorme te velaba la mirada y proyectaba

las alas de tu sombra en el suelo polvoriento.

A la injusticia siempre retabas a duelo

mortal, y siempre salía la traicionera derrotada,

siempre de rodillas frente a tu gigante alma.

Alma grande, del lado de la gente

oprimida, contaba la leyenda que

habiendo entrado ya en la ciudad,

no quisiste sentarte en sillón presidencial,

pues creías ser algo maldito, que

poseía de ambición a quien lo poseía.

Marchaste de nuevo al campo,

a seguir repartiendo revolución,

la sombra de tu ángel te cercaba.

No encontraron otro modo de

acabar contigo, tendiéndote vil

trampa te abatieron a tiros.

Dejaron tu cuerpo tirado,

quemándose bajo el sol tu rostro

tostado, pasto de cuervos arremolinados.

Por sobre Méjico aún resuena

la sombra de tu sueño revolucionario,

destellos de ti que fuiste dejando.

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