crónica de una tarde de circo

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estuve con mi hija en el gran circo mundial, esta tarde de sábado, cerca de la vaguada. vimos aparecer las carpas de colores y ya el corazón nos daba un vuelco. sacamos entradas y tuvimos que esperar, bajo el cartel de entrada. cuando por fin abrieron, pasamos adentro dispuestos a tomar posesión de nuestros asientos y disfrutar de una buena jornada de circo. y la verdad, no defraudaron, hubo payasos, malabaristas, trapecistas, números especiales como el hombre tiburón, o el hombre eléctrico. ¿por qué será que nunca defraudan? ¿por qué será que siempre parecen tan auténticos? ¿por qué será que últimamente me parece la forma artística más completa?

historia del circo

volvemos a casa, en coche, después de pasar una tarde de circo y de pasar a ver a unos amigos que viven por allí. está lanzada y disparada mi hija. hablamos mientras volvemos, habla ella:

ella: ¿quieres aprender japonés? (aunque ya sabe que los reyes magos son los padres desde los 4-5 años, todavía da en extrañas fantasías, como que es bruja, hace hechizos, o que sabe hablar japonés)

yo: claro, enséñame algunas palabras.

ella me dice palabras y frases que soy incapaz de repetir.

ella: ¡eres un ruino para japón!

yo (aunque le he entendido): ¡un ruino! ¿qué significa eso?

ella: que eres un completo desastre, una desgracia para japón.

seguimos con el juego hasta llegar a casa, vamos a toda pastilla, por la autovía, sobre la cuerda floja (como uno de los números que hemos visto), porque llegamos con alguna urgencia (dice que en casa de los amigos no tenía ganas), pero por fin entramos en el garage, salimos pitando del coche para llegar al baño, luego ya más tranquilos, le contamos a mami nuestras aventuras de la tarde (se ha pasado malita todo el fin de semana).

y esto me recuerda que quizás la forma artística más completa (épica, lírica, drama, música, poesía, danza, pintura) no sea sólo el circo, sino el arte de ser padres (y últimamente el difícil arte de vivir, en el cual siempre andamos en frágil equilibrio, sobre la cuerda floja).

gracias por leer poesía y por creer en los sueños (como esta tarde en el circo nos dijeron).

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Una respuesta a “crónica de una tarde de circo

  1. Asier, (mi hijo), y yo, “tuvimos” durante una temporada una goma con la que borrábamos todo lo que no nos gustaba. Así borrábamos las heridas de sus rodillas, o el dolor de tripa. Otros días borrábamos la tierra que hay encima de los mineros, para que estos, (y yo), viésemos el sol mientras trabajábamos. También borrábamos a los “malos” y a las brujas…o las nubes que nos impedían ver la luna. Así fue hasta que un día la goma mágica se nos gastó. Fue, más o menos, cuando sus compañeros de clase hicieron la primera comunión, entonces yo le regalé un secreto, y como secreto que es, en secreto queda.
    Besos desde El Faedo, en la Montaña Central Minera y Revolucionaria de León