concepción faya blázquez (o blásquez de origen)

Concepción Faya Blázquez (o Blásquez de origen) acogió en Francia en 1941, donde trabajaba como tejedora, a una madre y sus dos hijos cuando el padre fue detenido y deportado a un campo de concentración.

                Concepción Faya había nacido en Murcia en 1900.  Había crecido en el seno de una familia numerosa, de la cual ella era la mayor, con lo que sus estudios fueron de primeras letras, ya que enseguida se tuvo que poner a cuidar de sus hermanos y hermanas. Su infancia, adolescencia y juventud transcurren en la época de la crisis de la Restauración, con Alfonso XIII (1902-1931) y la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1929). Es en esta última etapa cuando se despierta su conciencia de clase (Concepción, como su madre, se ganaba la vida tejiendo, y de Murcia había marchado a Barcelona con 20 años, a buscar trabajo en las industrias textiles que por la ciudad se desarrollaban). Fue en Barcelona donde se hizo feminista, lesbiana y de izquierdas, destacándose por su apoyo a la República, y mostrándose partidaria de la República Catalana, cuando ésta fue proclamada por Companys en 1931. En los años de la guerra (1936 a 1939) combatió bajo bandera de la CNT, no ya por la república española, sino por una República independiente catalana, en el seno de la cual las mujeres vieran plenamente reconocidos todos sus derechos. Con el final de la guerra (1939) Concepción Faya fue una de las integrantes del éxodo español en el exilio, yendo a parar a Francia, de donde le vino su extrema sensibilidad hacia la persecución de las minorías, en este caso la judía, una vez estallada la II Guerra Mundial (1939-1945). Será en junio de 1940 cuando Alemania ya ha invadido Francia y se ha establecido el gobierno de Vichy en el sur, cuando se desate la persecución hacia la población judía, y aparezca la protagonista de nuestra historia, como defensora de los derechos de la población judía, cuando, en realidad, toda su trayectoria se destacaba por su defensa de la libertad y de la mujer. En Francia había podido por fin, encontrar trabajo como tejedora y establecerse en la pequeña ciudad de Avignon, después de una estancia en los campos de refugiados que había establecido el gobierno francés para la población exiliada española. Pero al poco, volvió a iniciarse la pesadilla con el estallido de la segunda guerra mundial y la ocupación alemana de Francia (1941). Fue en este momento, cuando nuestra anónima heroína tuvo la oportunidad de mostrar el valor y la bondad de su corazón. Pues fue a una compañera de trabajo de la fábrica textil para la que tejían, a la que acogió y ocultó en su casa, con sus dos niños (una niña y un niño) pequeños, ya que al padre le habían deportado a un campo de exterminio, siguiendo la política de solución final del régimen nazi para Europa, y que el gobierno de Vichy apoyaba y ejecutaba en su territorio. Fue en su casa, donde la madre y sus pequeños, pudieron ocultarse y sobrevivir hasta el final de la guerra y la liberación de París (1945). En uno de cuyos tanques (Belchite) iba subida nuestra heroína cuando aparecieron por sus calles anunciando la liberación del régimen nazi.

                Poco más se sabe de nuestra heroína. Salvo que, tal vez, ante la continuación del régimen franquista y pese a todas las esperanzas levantadas para su hundimiento, con la derrota de los regímenes fascistas tras la guerra, incluyendo el intento de invasión del valle de Arán (fracasado, y en el que nuestra heroína también tomó parte), finalmente decidió marchar a México, donde había ido también mucha población exiliada. En México dicen que murió mucho tiempo después, ya pasados los 80, a tiempo de ver por televisión, y celebrar con una copa de cava catalán, la muerte del dictador en 1975. Pero ya sin fuerzas para volver, allí transcurrió el final de su vida, viendo crecer a sus nietas y bisnietas. Y sin terminar de creerse el canto de sirenas de la Transición, con el que habían atraído de nuevo a España a muchas de las figuras antifranquistas exiliadas (pocas, las de las luces y los focos, la mayoría de ellas, las que habían transcurrido entre sombras, murieron olvidadas, de la tristeza y la pena, en el exilio, viendo cómo el dictador pasaba el testigo a su ahijado Juan Carlos).

                Concepción Faya no creyó este cuento y murió en México DF. Se supone que esta parte de su historia mexicana fue la que le hizo cambiar el apellido, ya que en el registro del gobierno mexicano, la apuntaron como Concepción Faya Blásquez, nombre con el que se le hizo constar en el acta de defunción, y con el que pasaría, final mente a la historia.

                Otras versiones dicen que Concepción Faya fue siempre Blásquez (no Blázquez) de origen. Que la historia de sus raíces españolas o catalanas son impostadas, y que en realidad era mexicana, pues se hizo tan popular en el DF que todo el mundo pensaba que era de allí de toda la vida. Y la gente hasta recordaba verla de niña, regordeta, con preciosos rizos negros cayéndole sobre una cara sonriente, yendo a por pan y mantequilla a la tienda de la esquina.

PABLO LIMA (un pequeño cuento para un trabajo)

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